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| Inicio >Actividades >Apoyos Psico-terapéuticos > Fernando Aguilar | ||||||
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terapeuta de perdón La terapia de perdón te ofrece todo lo que tú deseas. Yo empecé a dar terapias de perdón al darme cuenta que muchos de los estudiantes que estaban en mis grupos de estudio de Un Curso de Milagros, a pesar de que tenían claro que tenían que perdonar, no perdonaban. No perdonaban por una sencilla razón: No sabían ¿cómo? hacerlo. Se habla mucho del perdón, pero lo que no se nos dice es ¿cómo perdonar? Nadie viene al mundo conociendo el perdón y sabiendo perdonar. Sin embargo cuando nos vemos ante la necesidad de perdonar, actuamos como si ya supiéramos. En otros casos ni siquiera nos damos cuenta que tenemos que perdonar. Otras de las razones de por qué las personas no perdonan, es que tienen un concepto muy limitado del perdón. Recuerdo una vez que tomé la decisión de dedicarle toda una semana santa a perdonar (en el año 2000). Yo había comprado un taller del perdón basado en Un Curso de Milagros titulado “Forgiveness: The Pathway Home” (Perdón: El camino a casa) de dos maestros míos Robert Perry y Allen Watson. El taller contenía un cuaderno de trabajo y 9 casetes con la grabación de un taller intensivo dado totalmente en ingles en Estados Unidos durante tres días. Así que yo escuchaba el casete varias veces para poderlo entender y tomar mis propios apuntes. Casi al final de la semana me habló una amiga mía, que además era una de mis estudiantes más dedicadas. Ella me preguntó ¿qué has estado haciendo? Y pues le dije: Perdonar, perdonar y perdonar. Su respuesta me dejo atónito: ¡No sabía que fueras tan rencoroso! me dijo inocentemente. La verdad es que pensar que uno debe perdonar sólo cuando uno abriga resentimientos o se siente culpable, es tener un concepto muy limitado del perdón. Limitar la función del perdón a eliminar resentimientos es como tener una computadora de última generación y usarla únicamente como máquina de escribir. Efectivamente una computadora me permite hacer una carta, un ensayo, etc. Pero también me sirve para editar fotos, mandar faxes, hacer compras por internet, buscar información sobre cualquier tema, participar en foros internacionales, conocer personas, calcular los impuestos, aprender otro idioma, etc. Pues el perdón de Un Curso de Milagros, al igual que una computadora tiene mucho más que ofrecerme. Si deseas más información de todo lo que te puede ofrecer el perdón te invito a que leas mi artículo “El Perdón: Una respuesta para muchos problemas” en esta página web. Es importante señalar que no todas las terapias de perdón son iguales. Depende mucho del concepto de perdón que tenga el terapeuta. Asimismo, hay muchos libros que hablan del perdón; sin embargo, algunos escritores tienen un concepto limitado del perdón y en el peor de los casos tiene un falso concepto del perdón. Yo no conozco un libro o tratado del perdón tan completo como el libro de Un Curso de Milagros y su Anexo. Es un libro que les cuesta trabajo a la mayoría de la personas, pero es un libro que te ayuda a perdonar, sin que te des cuenta. Te ayuda a perdonar aunque no entiendas que tienes que perdonar, y no sepas ¿cómo perdonar? Hay personas que a pesar de ir a terapias durante muchos años o de haber asistido a talleres donde se realizaron dinámicas de perdón, no han podido perdonar. Esto se debe a que el perdón tiene muchos niveles. El perdón es como una escalera de varios peldaños. En los niveles más bajos por ejemplo encontramos el de aquellas personas que “perdonan” por interés (a este perdón le podríamos llamar “perdón egoísta”). La persona no desea perdonar, pero reconoce que si no perdona es ella quien paga las consecuencias. Se ha dado cuenta que abrigar resentimientos es como tomar veneno esperando que la otra persona se muera. El veneno se lo está tomando ella. También tenemos en los niveles más bajos de la escalera el perdón que podríamos llamar “perdón arrogante”, que es el que ofrecen aquellas personas que se creen superiores al agresor. El verdadero perdón es aquel que te lleva a ver a tu hermano como la perfecta creación de Dios, te lleva a ver a tu hermano como un maestro amoroso. Cuando tú ves a tu hermano así, no puedes sino sentir agradecimiento y un profundo amor por él. Al final de la escalera uno se da cuenta que el perdón es una ilusión, pues lo que Dios crea perfecto sigue siendo perfecto. Y si yo soy el que no puedo ver a mi hermano como dice el Curso con la visión de Cristo, soy yo quien tengo la necesidad de sanar y de perdonar. Es común que las personas pregunten ¿cómo deben perdonar a un ladrón, a alguien que te traicionó, una infidelidad o cualquier otra situación? La verdad es que no hay una receta. No es que yo les pueda decir el robo se perdona de esta forma, la traición de esta otra y la infidelidad de esta otra. El perdón es un proceso y es diferente para cada persona. El perdón no es un ritual en que una persona te diga la palabra mágica “me perdonas” o tú le digas a otra “te perdono”. En efecto, en las terapias que doy, en la mayoría de los casos ayudo a mis clientes a perdonar sin que se mencione la palabra perdón. Tú le ayudas a una persona a perdonar, cuando le ayudas a ver la situación, el problema o la persona de otra manera. Y para eso no necesitas emplear la palabra perdón. Cuando esto sucede se ha dado un milagro, de ahí el nombre de Un Curso de Milagros. A pesar de que no exista una “receta” para perdonar, si hay unos pasos que puede uno seguir. Eso es lo que hace el terapeuta, te ayuda a dar los pasos que tienes que dar. Te ayuda a que no te pierdas en el proceso. En la mayoría de los casos las personas no saben cuál es el problema y mucho menos que es lo que tienen que perdonar o a quienes tienen que perdonar. No siempre hay que buscar en tu pasado, pues las manifestaciones de tu falta de perdón están en el presente. Cuando se perdona de verdad se produce un efecto domino, tu perdonas a una persona y perdonas a muchas personas más sin que te des cuenta. Cabe señalar que aunque pocos terapeutas y autores de libros sobre el perdón conocen y aplican las enseñanzas de Un Curso de Milagros; esto no significa que aquellos que no lo conocen no te puedan ser de utilidad. Yo no puedo decir que las terapias de perdón basadas en el Curso sean mejores que las de ellos, o que el libro de Un Curso de Milagros sea mejor para ti que otro libro que puedas tener en sus manos. Dios se vale de toda relación que tú le entregas para sanarte. El Curso claramente señala “A cada uno de los maestros de Dios le han sido asignados ciertos alumnos, los cuales comenzarán a buscarle tan pronto como él haya contestado la Llamada. Fueron escogidos para él porque la forma de enseñanza universal que va a impartir es la más apro¬piada para ellos en vista de su nivel de entendimiento.” (M-2.1:1-2) El perdón es un regalo que Dios nos ofrece a todos, seamos o no estudiantes de Un Curso de Milagros, vayas a terapia o no. A este respecto nos dice: “Dios ha dado a todo el mundo un Maestro Cuya sabiduría y ayuda sobrepasan ampliamente cualesquiera contribuciones que un terapeuta terrenal pueda proveer. Sin embargo, hay momentos y situaciones en las cuales una relación terrenal paciente-psicoterapeuta se convierte en la manera a través de la cual Él ofrece Sus más grandes regalos a ambos.” (P-1.1:4-5) Ellos no son los únicos recursos que tienes, es más puedo garantizarte que hay muchas personas en tu vida que te están ayudando a perdonar, sin que tú te des cuenta. Nos dice el Curso: “En la salvación no hay coincidencias. Los que tienen que conocerse se conocerán, ya que juntos tienen el potencial para desarrollar una relación santa. Están listos el uno para el otro.” (M-3.1:5-8) En la terapia de perdón se te ayuda a detectar a estas personas que te están ayudando, para que le des la bienvenida, ellas te ofrecen un regalo que tú a la mejor no puedes ver. Todas las situaciones y problemas por las que pasas en esta vida son oportunidades para sanar, para crecer y elegir de nuevo. En las terapias de perdón se te ayuda a detectarlas y sacarles mayor provecho. Es decir, la idea es que te ahorres años. A perdonar se aprende perdonando. No hay otra forma de aprenderlo. Así como a nadar se aprende metiéndote al agua. Fuera del agua no es más que teoría. Un libro, una clase o una terapia te pueden ayudar, pero ten en cuenta que así como el problema está en tu mente, la solución también está dentro de ti, pues ahí la puso Dios. En última instancia la función del terapeuta es no estorbar, esto es dejar que Quien lleve la terapia sea el Terapeuta que todos llevamos dentro: “El Espíritu Santo es el único Terapeuta. Él hace que la curación sea evidente en cualquier situación en la que Él es el Guía. Lo único que puedes hacer es dejar que Él desempeñe Su función. Él no necesita ayuda para llevarla a cabo. Te dirá exactamente lo que tienes que hacer para ayudar a todo aquel que Él te envíe en busca de ayuda, y le hablará a través de ti si tú no interfieres.” (T-9.V.8:4-8) |
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